sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Qué pasa cuando...?

¿Cuántas veces caíste? ¿Cuántas veces te levantaste? ¿Cuántas veces intentaste ser fuerte, y cuántas veces fracasaste en eso? ¿Qué pasa cuando de tantas veces que caíste ya no sabés si querés volver a levantarte? ¿Qué pasa cuando todo lo que hacés te acaba saliendo mal? ¿Qué pasa cuando no sabés hacer nada bien? ¿Qué pasa si das demasiado por gente que no da nada por vos? ¿Qué pasa cuando al dar recibís a cambio nada más que golpes y más tristeza?
Cuando somos chicos pensamos que una caída no es más que tropezarte mientras caminás y caés
 al suelo, haciéndote alguna pequeña herida en la rodilla, brazos, manos... pero cuando crecemos... ¿seguimos dándole el mismo significado a la palabra? En parte, sí, porque tropezamos y caemos, pero... ¿caemos de la misma forma?
A medida que crecemos, a medida que la vida va pasando, las caídas se acentúan, se vuelven mas frecuentes... pero ¿a donde caemos? Caemos a una nada en donde no sabemos si estamos solos o acompañados. Un sitio oscuro, vacío y frió del que no todo el mundo logra salir. No digo que sea difícil salir, porque realmente no lo es, o al menos al principio no lo parece. Las primeras veces que llegás a ese sitio salís con mucha facilidad, pero ¿qué pasa cuando no hacés más que visitar ese lugar? Las ganas de salir se van desvaneciendo poco a poco, y entonces pensás: ¿para qué me voy a molestar en salir si sé que volveré a caer? Y es que las primeras veces que caés no sentís nada, es decir, pensás que esta caída no tendrá ningún gran efecto importante en vos. Pero a medida que vas visitando ese lugar te das cuenta que poco a poco vas perdiendo algo. Que se te va arrebatando una parte de vos, y que, como no hiciste  nada, te vas a terminar consumiendo por completo. Porque todos tenemos días malos pero, ¿qué pasa cuando poco a poco se te va yendo tu vida? ¿Qué pasa cuando esta noche se va apoderando de vos, cuando tu corazón cada vez se enfría más y tu interior solo se llena de dolor? Hasta el día en que te das cuenta de que lo único que sentís es dolor, dolor y más dolor....Es ahí cuando te armás de valor y decidís herirte a vos misma, solo para comprobar si seguís viva, si seguís sintiendo, y que no te quedaste encerrada, encerrada de un nada que te consume cada vez más y más rápido. Ese algo que llevás pensando desde hace tiempo, pero que nunca te  atreviste a hacerlo hasta que llegás a un extremo en que lo terminás necesitando, necesitas sentir un dolor diferente que te haga sentir viva. Es ahí cuando agarrás  algo afilado, algo que sabés que corta y hacés un pequeño, pero profundo corte en alguna parte de tu cuerpo, y ves salir la sangre, y sentís un dolor... un dolor raro... un dolor que hacía mucho que no sentías. Y te das cuenta que el dolor viene acompañado de sangre y te das cuenta que seguís viva, y aunque parezca mentira, esa sensación te acaba gustando, casi como cualquier otra adicción. Y sin darte cuenta, cada vez que te sientís vacía, que te hartás de sentirte como siempre... recurrís a eso, pensando que así se van a arreglar muchas cosas. Pero, ¿qué pasa con las marcas que eso termina dejando? ¿Qué pasa con esas cicatrices que empiezan a aparecer en tu piel? Te parás por unos segundos y las observás, son marcas de guerra, sí, pero marcas que nadie puede ver, por lo que decidís taparlas con maquillaje, con ropa... y es ahí cuando te das cuenta de que debés tener más cuidado y que si querés seguir sintiendo esa sensación sin que nadie se de cuenta, tenés que buscar un lugar en tu cuerpo que nadie vea, una especie de "escondite" para esas heridas, para esas cicatrices.
Y esto, que al principio solo querías hacerlo una vez para sentir un dolor diferente, se convierte en una rutina, sentir el filo de la cuchilla tocando tu piel te gusta, te da tranquilidad ver como la sangre va fluyendo entre tus muñecas, hasta las terminaciones de tus dedos, ¿por qué? porque de cierta manera, lográs comprobar que tu corazón aún sigue latiendo... sigue sintiendo...
Y pasan los días, semanas, meses, puede que haste años y... ¿Qué pasó? Te mirás al espejo y ves tu cuerpo lleno de cicatrices, es un secreto a voces. Te convertiste en una chica llena de cicatrices, heridas superficiales como interiores. Y entendés que todo esto tiene que acabar pero, ¿cómo? Ahora, para vos ya no es nada fácil dejar la cuchilla de lado, esa "compañera" que tanto suponías que te había ayudado...Y comprendés que hiciste mal al empezarlo, que ya no hay vuelta atrás, que se convierte en una especie de droga. Es muy fácil entrar en eso, pero ¿cómo se sale?
Al final terminás por pedir (a gritos) ayuda y ahí lográs salir de eso, porque, nada es imposible. Solo necesitás algo de paciencia y sacar fuerzas de donde sea. Puede que te cueste bastante, pero en serio vale la pena.
SOS MUCHO MÁS FUERTE DE LO QUE PENSÁS, PODÉS CON ESTO, CON MUCHO MÁS.        

No hay comentarios.:

Publicar un comentario