martes, 19 de noviembre de 2013

El nombre y su valor casi desconocido...


Saber el nombre de alguien también significa ser consiente de estar ante un ser humano. El nombre hace que alguien se convierta en un individuo único y especial, con pasado y futuro, antecesores y posibles descendientes, conquistas y derrotas. Las personas son su nombre, se enorgullecen de él, lo repiten miles de veces a lo largo de sus vidas, y se identifican con esas palabras. Es la primera palabra que aprenden después de los genéricos "papá" y "mamá". 
Pero el espíritu no tiene nombre, es la verdad pura, habita ese cuerpo por un determinado período de tiempo, y lo dejará algún día, sin que Dios se preocupe por preguntar "¿Quién sos?" cuando el alma llegue al juicio final. Dios solo preguntará: "¿Amaste mientras estabas vivo?" La esencia de la vida es esa: la capacidad de amar, y no el nombre que figura en nuestros pasaportes, en las tarjetas de visita, en los carnets de identidad.

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