Los síntomas del miedo son los mismos desde siempre. Era así cuando los seres humanos se enfrentaban a los animales salvajes, y sigue siendo así hoy en día: la sangre desaparece de la cara y de la epidermis, protegiendo el cuerpo y evitando el sangrado, de ahí la sensación de palidez. Los intestinos se aflojan y lo sueltan todo para evitar que sustancias tóxicas contaminen el organismo.
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