sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Dónde está la niña que creía más en lo imposible que en lo real?

Que triste, ser de hielo, no sentir nada, no creer en nada. Que pena me doy a veces cuando comparo entre la "yo" de antes y la "yo" de ahora y solo veo a una persona medio vacía. ¿Dónde está la niña que creía más en lo imposible que en lo real? Ya no recuerdo la última en la que la vi, o sentí. Me gustaba más antes, cuando creía en cualquier cosa solo porque me parecía bonita, cuando idealizaba a la gente y me negaba a abrir los ojos, porque a mí me gustaba creer que eran así, como yo les dibujaba y describía dentro de mí cabeza. ¿Qué ha pasado con aquella chica que era dueña de su propia obra de teatro y repartía los papeles a su antojo? La de ahora solo se resigna a ser un simple personaje, un personaje secundario, de obras ajenas... Quiero verlo todo como antes lo veía, quiero andar por caminos imposibles y creer en algo mágico (el camino entre lo visible y lo invisible, según Coelho), yo no quiero elegir un camino, quiero dibujarlo, darle vida, inventarlo de acuerdo a mi gusto, y por último, hacerlo realidad y recorrerlo. Quiero recuperar mi esperanza en el mundo, en las buenas personas, quiero volver a alegrarme por cada una de esas miradas intensas, quiero que miles de sueños, viajes e historias se amontonen dentro de mi cabeza, como lo era antes, y que no me dejen dormir por las noches. Quiero crear magia, y al final, no destruirla. Quiero volver a ser aunque sea, una parte de lo que antes era...

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