Es aquello que vos o yo vemos. Cada vez que alguien muere se destruye una parte del universo. Todo lo que ese ser humano ha sentido, probado y contemplado desaparece con él, de la misma manera que las lágrimas desaparecen con la lluvia. -¿Y para qué destruir el mundo? - Para reconstruir el mío. Pensé que todo iba bien, que los problemas se solucionarían, que solo era una cuestión de tiempo. Sentí que me desvanecía por haber perdido una parte muy importante de mi vida y, en vez de reaccionar, me quedé apática. Bueno, en realidad, no lo perdí; solo debo entender que a lo largo de nuestra vida hay momentos en los que la vida separa a determinadas personas solo para que entiendan lo importante que son la una para la otra. En fin, el amor no tiene lógica.
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