martes, 19 de noviembre de 2013

Diferentes maneras de pensar.


¿Quién dijo que los niños no son capaces de decidir lo que quieren en la vida? 
Los adultos.
Y cuando crecemos, pensamos que son más sabio, que tienen toda la razón del mundo. Muchos niños pasaron por la misma situación cuando representaban al Sombrerero Loco, a la Bella Durmiente, a Aladino o a Alicia, y en ese momento decidieron dejar atrás para siempre las luces de los focos y los aplausos del público. Pero hay algunos niños que intuitivamente entiende que, "Si no reacciono, estoy perdido".
Porque de todos es sabido que lo que empieza con una equivocación en una obra de teatro, por ejemplo, con la incapacidad de bailar tan bien como los demás, de soportar comentarios sobre unas piernas demasiado delgadas o una cabeza demasiado grande, cosas a las que se enfrenta cualquier chico, puede tener dos consecuencias radicalmente distintas.
Unos pocos deciden vengarse, intentando ser los mejores en eso que todos creían que eran incapaces de hacer. "Algún día, me envidiarán", piensan.
La mayor parte, sin embargo, acepta que tienen una limitación, y a partir de entonces todo va a peor. Crecen inseguros, obedientes (aunque siempre sueñan con el día en que serán libres y capaces de hacer todo lo que les dé la gana), se casan para que no digan que son demasiado feos (aunque sigan creyendo que son feos), tienen hijos para que no digan que son estériles (aunque realmente quieren tenerlos), se visten bien para que no digan que se visten mal (aunque ya saben lo que van a decir en cualquier caso, independientemente de la ropa que lleven). 

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