miércoles, 4 de diciembre de 2013

La Fuerza de Animo – Saber Superar (3° capitulo)

Hay momentos en nuestra vida en los que nos percatamos de que no podemos alcanzar los objetivos que nos habíamos propuesto, que hemos sufrido una derrota sin remedio. Eso puede pasarle a un chico extremadamente dotado, que aspira a convertirse en científico y no logra terminar los estudios porque mueren sus padres y se ve obligado a trabajar para ganarse la vida. Él se percata con infinita amargura que esa pérdida es irreparable porque en la ciencia, como en la música o en el deporte, solo se entra de joven, en cambio más tarde no se tiene ninguna posibilidad. Al empresario, después de haber construido durante toda la vida una gran empresa, puede pasarle que es arrollado por una imprevista crisis político-económica y aplastado por la entrada en el mercado de una multinacional. Puede, en fin, sucederle a una mujer que lo ha invertido todo en el matrimonio, en la casa y en los hijos, que el marido se enamore de otra máa joven y la abandone. 
He citado estos tres ejemplos, pero podría haber aportado miles porque todos conocemos estas experiencias. Estamos frente a lo irreparable, al descalabro definitivo. No hay nada que hacer. Es inútil combatir, es inútil luchar. No solo sentimos dolor, sino un sentimiento de injusticia y de desconsuelo desgarradores. El futuro se vuelve vacío, tétrico y doloroso. El deseo de vivir, que está hecho de esperanza, se apaga. Nos hundimos en la depresión. Muchos piensan en el suicidio. Y algunos se matan de verdad. Como lo hacen muchas mujeres y muchos hombres después de la pérdida de su amor. Como sucede a veces con los adolescentes después de una frustración, que a nosotros nos parece leve, como una mala nota en la escuela o una decepción amorosa.  
¿Qué hacer cuando estamos frente a este descalabro total? ¿Qué podemos decir a quien lo experimenta? ¿Qué podemos decirnos a nosotros mismo el día en que debemos afrontarlo? ¿Cómo podemos encontrar esperanza cuando nuestra mente y nuestro corazón son aplastados por la desesperación? 
Cualquier descalabro, cualquier pérdida, nunca afecta la totalidad de nuestro ser. Se trata siempre solo de la derrota de un proyecto nuestro, de un amor, de un sueño o de una aspiración, pero, aunque no lo sepamos, somos siempre más que aquello que hemos elegido ser y amar. 
El chico desesperado por la mala nota, una vez superada la crisis, redescubre la alegría de vivir al besar a una chica. El empresario que ha perdido su empresa, descubre en sí mismo intereses y capacidades que había pasado por alto. Incluso en las catástrofes más graves, desde lo más profundo del ser herido viene la respuesta de salvación. Lo que cura no es el tiempo, sino la caída misma que nos libera. Es extraño y terrible. En el fondo del abismo nuestro yo se disuelve y, al disolverse, se libera de la fascinación de las cosas a las que estaba enroscado, que le parecían indispensables, esenciales. Nos percatamos de que podemos existir de otras maneras. Así, la nada se convierte en la puerta para el renacimiento. Alguien encuentra en ella a Dios, otro la serenidad del distanciamiento y otro una nueva vocación. Alguien, en fin, sencillamente se percata de que puede hacer el bien a los demás. 

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