El abatimiento es una tentación. La tentación de dejarse llevar, de ceder a la fatiga y al peligro, de rendirse. Pero vivir significa saber resistir al abatimiento provocado por las derrotas. Como en la competición deportiva, hasta el mejor equipo a veces pierde. Pero pobre de él si se abandona a la depresión generada por la derrota. QUIEN PIERDE DEBE UTILIZAR LA DERROTA PARA ENTENDER CÓMO REACCIONAR, PARA VARIAR EL ESQUEMA DE ACCIÓN, PARA CREAR, PARA ENCONTRAR OTROS CAMINOS, PARA INVENTAR NUEVAS ESTRETEGIAS. La competencia se funda del todo en este principio. El gran empresario, el gran general o los grandes líderes también cometen errores, también sufren derrotas, pero sacan provecho de ellos para aprender, y reaccionan haciendo innovaciones.
Si nos rendimos perdemos la libertad. La rendición puede ser dulce, pero sus consecuencias son terribles. Porque la libertad es el valor más alto. Nunca se nos regala la libertad. Siempre es una conquista. No se compra con dinero. Solo se consigue con el entusiasmo, la tozudez, la pasión, la voluntad y la perseverancia. Basta un instante de debilidad para perderla definitivamente.
¿Saben? Solo basta muy poco: un acto de coraje.
La libertad se pierde también en las pequeñas cosas. Podemos pensar en el estudiante al que dan una mala nota en la universidad, de modo que se deprime y deja los estudios, cuando, en cambio, debería reaccionar, tratar de entender dónde están las dificultades y qué esperaba el profesor. Así, la próxima vez, obtendrá un diez. Se convertirá en un profesional respetado y en una persona libre. Quien no sabe soportar un reproche o una derrota está destinado a agachar la cabeza. No son los demás los que te hacen esclavo, eres tú que te vuelves esclavo. ¡Levántate y recupera el campeonato! Porque es en los momentos de derrota, en los que todo va mal, en los que nos sentimos engañados, en los que nos equivocamos, cuando se e la talla moral del individuo.
HAS PERDIDO. PUES BIEN, AHORA VUÉLVETE A LEVANTAR, REÚNE TUS PEDAZOS Y LA PRÓXIMA VEZ SERÁS TÚ QUIEN GANE. DEBES SER MÁS FUERTE QUE TU DESDICHA, MÁS FUERTE QUE LAS INJUSTICIAS.
¿Por qué tenemos entonces la tentación de abandonarnos, de ceder, de rendirnos? Porque rendirse es fácil, es casi un alivio, un descanso. Mientras que volver a levantarse requiere apretar los dientes, resistir al dolor, a la fatiga y a la desesperación. Requiere esfuerzo, coraje, un ánimo intrépido y una gran capacidad de esperanza. Quien se doblega, quien huye, se justifica antes sí mismo diciendo: “No sirve de nada que combata, que me afane, porque, al fin y al cabo, el mundo es injusto, están los fuertes y los débiles, y los fuertes ganan siempre, mientras que yo estoy condenado a la derrota”.
Sin embargo, eso no es cierto. También los otros tienen sus dificultades. También los otros son presa de la duda y del desconsuelo. Solo que resisten, y por eso ganan. Las justificaciones de quien se rinde son solo una manera de enmascarar los temores que lo mantienen prisionero. Se rinde de inmediato quien es avaro con su ánimo y o lo quiere gastar o quien tiene una inteligencia perezosa que no quiere volver a ponerlo todo en discusión para afrontar con coraje lo nuevo.
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