miércoles, 4 de diciembre de 2013

La Fuerza de Animo – Responsabilidad (2° capitulo)

¿Qué quiere decir tener una posición de responsabilidad? 
Significa saber que los resultados, buenos o malo, los éxitos o los fracasos, cualquier cosa que ocurra, cualquier problema que surja, no pueden ser imputados a otros o a causas externas, sino solo a vos. Pensemos en el director técnico de un equipo de futbol. Si su equipo pierde, no puede justificarse atribuyendo la culpa de la derrota a la falta de disciplina de los jugadores, a la mala suerte, a las pésimas condiciones del terreno o árbitro. Lo que se espera de él es que sepa que hacer frente a cualquier eventualidad, incluso a la más desastrosa e imprevisible.
Todas las personas deben afrontar continuamente desafíos y riesgos. Se encuentran siempre ante la incertidumbre y el peligro. Nuestra responsabilidad, sin embargo, a menudo es limitada. Sobre todo cuando desarrollamos tareas rutinarias, en las que hay pocas novedades, poca invención. 
Cuando vamos a la escuela, somos responsables de las notas que nos ponen, pero no de lo que aprendemos, porque esto también depende de la pericia de los profesores, de las huelgas escolares y de nuestra salud. Sin embargo, cada uno de nosotros experimenta la ansiedad que deriva de la responsabilidad. Cuando debemos afrontar un examen o un certamen deportivo, cuando se nos confía una tarea difícil o cuando comenzamos un trabajo nuevo, nos cuesta dormir y nos despertamos temprano, obsesionados por un problema.
Pero la vida es siempre creación, innovación y riesgo. Para todos. Y por eso tenemos también responsabilidades globales. Quien quiere llevar adelante una empresa, aunque sea pequeña, debe hacerse cargo de todas las eventualidades. Debe afrontar lo desconocido, la incertidumbre, la ansiedad. Algunas personas no son capaces de ello y evitan la responsabilidad. Muchos directivos, cuando son promovidos a posiciones más altas, reaccionan con desconfianza. Comienzan a mirar con recelo a todas las iniciativas nuevas y cuando encuentran obstáculos se atrincheran detrás de los formalismos y la burocracia. De esta manera las organizaciones acaban burocratizándose para reducir la incertidumbre y el peligro.
Para afrontar la vida no basta con ser capaces, hábiles e inteligentes. También es preciso ser valerosos y tenaces, lograr controlar la propia ansiedad y la de los demás. Algunos lo consiguen bloqueando los propios sentimientos y pasiones. Permanecen fríos e imperturbables como jugadores de póquer. 
El optimismo ayuda a ver las posibilidades donde los demás no ven nada, a imaginar las soluciones positivas incluso en las crisis más graves. Transformar un obstáculo en una ventaja. 
El entusiasmo sirve para ponerse de acuerdo con los adversarios y transformarlos en aliados. Para resistir al desconsuelo y arrastrar a todos hacia la meta. 

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