sábado, 18 de enero de 2014

"El príncipe azul", "la mujer perfecta" y toda esa mierda.

A medida que crecía, veía que mis amigas salían con chicos, uno detrás de otro, y siempre encontraban un motivo para dejarlos, se sentían insatisfechas o frustradas o utilizadas. Las veía y me daba cuenta de que no quería ser como ellas. Y todas esas chicas ahora están solas, y tengo la sensación de que siempre van a estarlo, porque siempre están a la "caza del hombre perfecto". Se han hecho esa imagen en la cabeza de quién es, cómo es, qué hace y cómo se comporta. Y es una fantasía, una fantasía total. El mismo tipo de estupideces que nos han estado vendiendo a las mujeres desde... siempre.
"El príncipe azul". el Hombre perfecto. El muñeco Ken. El espécimen perfecto. El soltero de oro. El marido ideal. Porque esos chicos, los imposiblemente guapos, los encantadores, los que hacen que te mueras por sus huesos, los que parecen demasiado buenos para ser verdad... bueno, por lo general son demasiado buenos para ser verdad. Hay otro término para designar al encantador, una descripción más precisa. 
Sociópata. 
Es alucinante la cantidad de mujeres que se enamoran de tipos así, que caen en la misma trampa una y otra vez, y luego lamentan el día en que los conocieron.  
El juego del amor es una de las farsas más antiguas del mundo. Cuando en realidad es lo siguiente: 
Un juego de estafadores. 
Hay que observar el movimiento constante de los cubiletes, primero aquí y luego allá, y adivinar en cuál de ellos se esconde el hombre perfecto. Si jugás a ese juego, perdés. Siempre. Es un desenlace inevitable. 
Nadie quiere creer que ha sido víctima de una estafa, y menos en el amor. Porque eso duele... duele demasiado. Probablemente más que cualquier otra cosa en el mundo. Es una patada en el estómago. Te enfermás. Te sentís estúpida. Muy, muy estúpida. Así que lo mejor que pueden hacer las personas en esa situación lo siguiente:
Fingir que ya lo habían visto venir.
Fingir que lo sabían desde el principio.
Fingir que no ha pasado. 
Empezar de cero de nuevo. 
Y esta vez, se dicen, ha sido la última. Nunca más. Nunca más voy a caer en la misma trampa.
Pero caerán. 
Caerán porque no saben lo que quieren en esta vida y, hasta que lo sepan, están destinadas a seguir el mismo patrón una y otra vez, destinadas a repetir sus fracasos. Porque van en busca de una quimera. Del hombre perfecto. El marido perfecto. El amante perfecto.
Y la vida no es así.
De verdad que no. 
Las personas no son así.
Y eso no solo vale para las mujeres. Los hombres también son víctimas de sus propios engaños. Al menos los sensibles. Los que están suficientemente evolucionados para pensar en las mujeres como algo más que un receptáculo conveniente para su semen. a veces están demasiado evolucionados. Piensan demasiado. Ponen a las mujeres en un pedestal, idealizan a su compañera perfecta y la convierten en un modelo inalcanzable y es imposible estar a su altura. Al menos, yo sé que no puedo. Y para mí eso es como la receta para una vida de sinsabores y decepción, toda una vida de relaciones fallidas. De ir siempre en busca de "don Perfecto" y "doña Perfecta" y acabar siempre con la persona equivocada. Muy equivocada. 
Este es el juego del amor. Un juego de malabares en el que todos pierden. 
Y vos decís: Eso es ser muy cínica. 
Y yo digo: Es ser realista.
No estoy diciendo que no crea en el amor, porque sí creo. Y si me obligaran, probablemente admitiría que es en lo único en lo que creo. Ni en Dios, ni en el dinero, ni en las personas.
Solo creo en el amor. Y no le estoy sugiriendo a nadie que baje la vara, ni que se conforme con el segundo plato. Nada más lejos de mi intención. 


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