No sé a quién estoy engañando, si a mí misma o a ellos. Mi instinto me dice que ya lo sabe, que ya sospechan que algo ha cambiado dentro de mí. No es solo difícil ocultarle un secreto a las personas que te aman, las personas que mejor te conocen, es, técnicamente, imposible. Pero a veces las cosas que son tan claramente obvias, sobre las personas que nos rodean, sobre nuestros seres queridos, sobre nosotros mismos, son precisamente las cosas que elegimos ignorar.
El instinto es el órgano sensorial más poderoso que tenemos. No es el don de la vista, el olfato, el tacto, el gusto o el oído, sino el instinto. Es todos esos combinados y más, y si aprendemos a confiar en él, no habrá camino por el que nos aventuremos que sea el camino equivocado, no habrá acción que tomemos que juegue en nuestra contra, no habrá relación que se rompa.
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